Después de doce horas de juego, Essaú ya había perdido casi todas sus propiedades a manos de su hermano Santiago. En la siguiente media hora, Santiago se adueñó del Club Hípico, la Compañía de Gas, las Torres de Tajamar y construyó modernos edificios en 10 de Julio. Evitó incendios, enfermedades y pago de honorarios, todo gracias a las tarjetitas del destino. Essaú no tuvo más remedio que declarar la banca rota. Santiago tenía especial talento para aplicar las reglas y puso mucho cuidado en conservar la tarjeta para no caer nunca en la cárcel.





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