PlazaDigital - Blog de Iván Martínez B.

Artículos recientes

Personas en línea

En estos momentos hay 1 personas visitando "Plazadigital"

RSS

Comentarios recientes

Web 2.0

Perfil de Facebook de Iván Vladimir Martínez Berríos


Venus

Enviado por Iván Martínez B. el 19/08/2008 a las 07:42 PM

Sopla el viento y vuelves nuevamente con la quietud del río. Suave murmurar deslizándose por la ventana, encendiendo en la oscuridad un reflejo pálido de luna. Dominas lo pleno con tus ojos divinos, te acercas al lecho, lenta como la lluvia en su origen, desnuda como el cielo entre el crepúsculo y la noche. Caes sobre la cama tal como una hoja, desenredas las sábanas hasta conseguir mi cuerpo dormido. Me abres la boca con un beso, rozando la sequedad de mis labios partidos. Entonces despierto. Conecto la razón a la penumbra de tus líneas, a tu contorno que se hace poco a poco tangible. Ahogas mis palabras, descubres mi pecho con la fuerza del tuyo dividido, te entregas a la aletargada danza muscular, enlazando las piernas, cubriendo con tu cintura en cada recodo, golpeando el vientre con suavidad. Escucho el amago primitivo de tu voz y la danza sigue…siempre vas y siempre vienes con la paz del agua.

Me miras desde el fondo, cubierta por mi sombra. Renuncias a la lucha, confundiéndote en el vapor de las texturas. Pronuncio mis sonidos. Extiendes la sonrisa, muerdes lo humano de mi entorno. La noche camina hacia el olvido y yo renuevo la mancha de mi figura recortada sobre el colchón. Te busco entre las siluetas de las cosas, entregando la piel. Me recibes, pierdes mi rostro en el manantial de tu pelo, en el abrigo que evapora la humedad de las horas. El color de nuestra consistencia se va derramando en el silencio, se mezcla. Te ocultas, serena como la corriente que se lleva mis besos, el respirar entrecortado de mis pulmones de años y años. Anudas mi afonía a las paredes, recaudando los movimientos de mi espalda mientras cruzan mis pasos tu oscura brecha. Depones los rumores; me instalo hasta el infinito en los cimientos de tu alma. Tomas mi mano bajo el cielo oscuro del cuarto. Recorres mis espacios vulnerados con la fatiga propia de este rito, reproducido noche a noche en nuestros márgenes candentes y opuestos, acompasados por el murmullo mágico de esta fugaz travesía.

La claridad del alba se anuncia en los rincones y te levantas como siempre. Te vas con la quietud del tío y arrastras algo de mí. Quieres quedarte, sonríes, pero tienes miedo. Te vas y te instalas en el cielo, convocada por el rubor de la aurora. Brillas en la distancia y te observo desde el lecho extenuado que abandonas. Los residuos de mi cuerpo calcinado se esparcen a través del dibujo de la ventana, acoplándose a tu llanto que baña la hierba, y, siempre juntos, florecemos la tierra gracias al viento que no deja de soplar.






Suscribirse a los comentarios de este artículo en RSS